Un nuevo día en NY para este variopinto grupo de españoles de mediana edad.
Nos levantamos a las 7:30 y bla, bla, bla.
Salimos del hotel a las 9:00 y nos dirigimos rumbo al Museo de Historia Natural. Cogimos el metro en nuestra parada habitual, 42 Port Authority, dirección al Uptown.
Cabe hacer un pequeño inciso aquí. Marga tenía que pasar la MetroCard al menos 4 veces en cada estación para que pudiese pasar. Estaba claro que era la forma de geo-localizarla y así tener controlados los movimientos de Güezmes la medellinense.
Cuando llegamos al museo nos recibió el esqueleto de un dinosaurio. Ana, Sergio, Mónica, Ángel y yo estuvimos visitando el museo al menos 4 horas y aún así no vimos de la tercera parte del mismo. La colección que poseen es inmensa: dioramas con animales disecados, dinosaurios, objetos de culturas de todos los continentes (y algún Pryca), peces y hasta una ballena a tamaño natural.
Vimos una proyección en el planetario del museo muy chula narrada por Whoopi Goldberg (es lo único que entendimos de toda la perorata que soltó durante la peli).
Mientras disfrutábamos del museo el resto del grupo fue a visitar otras cosas o de compras y quedamos a las 14:00 en la puerta de Central Park que da a Columbus Circle. Como era de esperar el grupo en el que me encontraba yo llego el último.
Buscamos dónde comer cerca de allí, así que andamos por Broadway dirección Times Square. Las horas que eran hicieron que de nuevo probásemos las delicias culinarias de la India y comimos en el Benares. Otra vez hasta las cejas de picante.
Salimos de comer y fuimos corriendo al hotel a ponernos la ropa térmica para el ferry de Staten Island. Alguno aprovecho para defecar y es que el curry ya habia hecho su efecto. Forrados de arriba a abajo otra vez al metro pero ahora en dirección al downtown. Salimos del metro frente al barttery Park y vimos el edificio donde tienen su base los Men in Black. El Battery Park estaba en obras por culpa del huracán Sandy así que fuimos derechos al ferry. Cuando nos subimos nos dimos cuenta de que nos sobraba toda la ropa térmica. El ferry es cubierto y con calefacción y para más inri hasta arriba de judíos ortodoxos que con sus tirabuzones en forma de filamento de bombilla subían aún más la temperatura.
Desde el ferry, y con el cielo nublado, las vistas del Skyline y de la estatua de la libertad eran estupendas. Llegamos a Staten Island y nos volvimos en el primer ferry.
De nuevo en Manhattan dimos un paseo por Wall Street, la reserva federal, la zona cero y el toro donde algunos le tocamos las criadillas y otros metieron toda la cabeza en su interior para comprobar la elasticidad del esfínter.
Votamos donde ir a cenar y gano La Mela en Little Italy, así que metro de nuevo y hasta el restaurante. Al llegar nos recibieron con los brazos abiertos y con una mesa para doce ya preparada. Lo típico del sitio son los espaguetis con albóndigas así que casi todos los pedimos junto con ensalada de tomate y mozzarella fresca. Fuimos de uno en uno al baño y al volver todos traían cara de sorpresa así que me toco ir a mi y supe el por que. Los secadores de mano eran del futuro. El caudal de aire era tan grande que te secaba las manos y te borraba la línea de la vida.
Nos comimos todos los espagueti y de vuelta al hotel por la calles de Chinatown oímos gritos como de pelea entre bandas pero yo creo que estaban ensayando West Side Story 2. Llegamos al Yotel otra vez mega-destrozados. Sólo nos quedaba día y medio en la ciudad.
jueves, 25 de abril de 2013
jueves, 18 de abril de 2013
Día 5 - 27 de Marzo de 2013 - La teniente O'Neri
Amanece un nuevo día en la gran manzana.
Nos levantamos a las 7:30, como siempre, nos duchamos, como siempre, bajamos a desayunar con nuestro café del office, como siempre, y nos apretamos unos muffins, como siempre. Esto se estaba convirtiendo en una rutina.
A las 9:00 habíamos quedado todos en el hall y Ana nos explicó el planning para ese día. A cada instrucción que nos daba debíamos responder todos al unisono:
- ¡Señor, si señor!
La ruta en principio parecía asequible, pero no sabíamos lo que nos esperaba.
Nos acercamos a la High Line a dar un paseo y bajar la comida y de nuevó el grupo se disgrego. Nosotros nos fuimos con Mónica y Ángel a ver el barrio de Friends. Ana y Sergio se quedaron en la High Line y los demás se fueron de compras. Quedamos para vernos a las 21:00 en el Empire State Building. Después de ver el edificio donde viven Monica, Rachel, Chandler y Joey y el parque de Washington Square, cogimos de nuevo el metro hasta el Madison Square Garden para ir a la tienda de electrónica B&H. Al llegar vivimos un momento de amargura y desolación. La tienda cerraba toda la semana de Pascua. Tuvimos qué retirar entre los tres a Ángel de los cierres de la tienda a los que se había agarrado llorando y nos fuimos cabizbajos. Ángel y Mónica fueron a una tienda de guitarras y Ana y yo de shopping a Times Square (Disney Store, Toys'r us, M&Ms, GAP,...)
Nos fuimos corriendo hacie el Empire State Building porque, cómo no, llegábamos tarde. Después de pasar los controles de seguridad, subimos en el ascensor. Ochenta pisos en cincuenta segundos era la velocidad del ascensor y no la velocidad de venta de inmuebles es España en 2002. Arriba otro ascensor que subía seis plantas y ya estábamos en el mirador a 320m de altura. Hacia un frío que pelaba y se me pusieron los huevos de gallina. Hicimos ronda de fotos y de nuevo para abajo.
En la puerta de salida del edificio había mucha gente ofreciéndose para llevarte al hotel en limusina. Le preguntamos el precio a un chofer que parecía una Coca-Cola de dos litros y nos dijo que 40$ por ocho personas, así que nos metimos raudos en el vehículo. El paseo fue corto pero intenso, eso si, amplia lo que se dice amplia no era, íbamos apretados como en los trenes de Auschwitz, pero fue una experiencia inigualable. Al salir nos pitaban un poco los oídos por la subida y bajada al Empire y los 5000 db de la música de la limusina.
Nos levantamos a las 7:30, como siempre, nos duchamos, como siempre, bajamos a desayunar con nuestro café del office, como siempre, y nos apretamos unos muffins, como siempre. Esto se estaba convirtiendo en una rutina.
A las 9:00 habíamos quedado todos en el hall y Ana nos explicó el planning para ese día. A cada instrucción que nos daba debíamos responder todos al unisono:
- ¡Señor, si señor!
La ruta en principio parecía asequible, pero no sabíamos lo que nos esperaba.
Salimos en dirección al Madison Square Garden, pero esta vez iríamos andando por la 8th y no cogeríamos el metro para así ir disfrutando del paseo post-desayuno. En cada punto de interés, Sergio, el guía no oficial de Nueva York, nos leía la historia y curiosidades del lugar con voz de señor Agrosfero. Nos dimos cuenta de que en su programa debe de hacer un montón de tomas falsas.
Al llegar al Madison Square, giramos por la calle 31 en dirección a la 6th avenida. Desde la 6th teníamos unas vistas del Empire State muy buenas y nos pusimos todos como locos a hacer fotos. Sergio y Juan ya le habían cogido el gustillo al iPhone y hacían panorámicas a lo José Tomás y Marylin Manson, vamos, a diestro y siniestro.
Seguimos subiendo y llegamos a Macy's. Rodeamos el edificio y entramos para recorrer la planta baja. Estaba todo en obras y aquello no parecían unos grandes almacenes de lujo. El Día de mi barrio tiene mas glamour. A la salida había una exposición de flores por la semana de pascua que algunos decidieron visitar.
Seguimos subiendo por la 6th hasta Bryant Park y desde aquí entramos a la biblioteca publica de NY, un edificio solemne en el que la gente intenta estudiar mientras el resto les hacemos fotos. A la salida de la biblioteca una nueva decepción, ni ola gigante que cubra Manhattan ni na de na. Menos mal que nos quitamos la pena con unos perritos con cebolla, aunque a mi el mío me salió rebelde y se me cayo la mitad de la cebolla y el ketchup encima de la cámara. Bajamos por la quinta avenida mientras yo chupaba el objetivo y el visor de la cámara, una escena dantesca para los que salían de comprar en Prada.
De camino pasamos de nuevo por el Empire State, pero aun no nos tocaba entrar, eso llegaría por la noche. Llegamos por la quinta hasta el edificio Flatiron, que es como una cuña de García Vaquero pero con ventanas.
El hambre hizo su aparición y las piernas empezaron a flojear. Al pasar por Unión Square había un mercadillo de productos ecológicos y algunos aprovecharon para comprar unas barras de pan que compartieron con el resto. Las devoramos cual ratas del aire.
Cogimos el metro en dirección al Chelsea Market con intención de comer allí pero todos los puestecitos eran de comida para llevar o disponían de una mesa y no era plan de estar rotando en las sillas como sí de un partido de voleibol se tratará. Salimos con más hambre que entramos y al intentar meternos en un local para comer se nos adelantaron unos coreanos grabando la segunda parte del video del Gangnam Style, así que, vuelta a la calle. El grupo deambulaba por la calle pensado en comida y en sitio donde sentarse, algunos decían:
- ¡Oh my God!
Y otros proclamaban:
- ¡Oh yisus crais!
Mónica, medio desfallecida, saco la guía de poder y encontró donde comer. Estaba cerca, pero podríamos perder a compañeros por el camino. Lo sopesamos y decidimos ir a comer al Corner Bistro. Nos sentaron en dos mesas de 6 y pedimos hamburguesas y cerveza casera. Las hamburguesas, que en un principio parecían pequeñas, estaban muy buenas y eran mas que suficientes, y después de dos rondas de cerveza el camarero nos invito a una más. Cuando salimos de allí habíamos recuperado el color y la circulación en las piernas. en realidad la mañana no había sido tan dura, pero se notaba que era nuestro quinto día en Nueva York y el cansancio se acumulaba.
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| Esta foto la encontré por internet. El mismo camarero y la lista de precios. |
Nos acercamos a la High Line a dar un paseo y bajar la comida y de nuevó el grupo se disgrego. Nosotros nos fuimos con Mónica y Ángel a ver el barrio de Friends. Ana y Sergio se quedaron en la High Line y los demás se fueron de compras. Quedamos para vernos a las 21:00 en el Empire State Building. Después de ver el edificio donde viven Monica, Rachel, Chandler y Joey y el parque de Washington Square, cogimos de nuevo el metro hasta el Madison Square Garden para ir a la tienda de electrónica B&H. Al llegar vivimos un momento de amargura y desolación. La tienda cerraba toda la semana de Pascua. Tuvimos qué retirar entre los tres a Ángel de los cierres de la tienda a los que se había agarrado llorando y nos fuimos cabizbajos. Ángel y Mónica fueron a una tienda de guitarras y Ana y yo de shopping a Times Square (Disney Store, Toys'r us, M&Ms, GAP,...)
Nos fuimos corriendo hacie el Empire State Building porque, cómo no, llegábamos tarde. Después de pasar los controles de seguridad, subimos en el ascensor. Ochenta pisos en cincuenta segundos era la velocidad del ascensor y no la velocidad de venta de inmuebles es España en 2002. Arriba otro ascensor que subía seis plantas y ya estábamos en el mirador a 320m de altura. Hacia un frío que pelaba y se me pusieron los huevos de gallina. Hicimos ronda de fotos y de nuevo para abajo.
En la puerta de salida del edificio había mucha gente ofreciéndose para llevarte al hotel en limusina. Le preguntamos el precio a un chofer que parecía una Coca-Cola de dos litros y nos dijo que 40$ por ocho personas, así que nos metimos raudos en el vehículo. El paseo fue corto pero intenso, eso si, amplia lo que se dice amplia no era, íbamos apretados como en los trenes de Auschwitz, pero fue una experiencia inigualable. Al salir nos pitaban un poco los oídos por la subida y bajada al Empire y los 5000 db de la música de la limusina.
Al llegar al Yotel pedimos comida en el puesto callejero de la puerta, unos Philly cheese steak o eso creimos que eran, pero yo creo que el muchacho que los preparo los hizo con lo que pillo por el tenderete. Al terminar nos fuimos todos a nuestras habitaciones que todavía teníamos que lavarnos los doloridos pies con el "GET OFF".
miércoles, 10 de abril de 2013
Día 4 - 26 de Marzo de 2013 - El día que miramos a la muerte a los ojos
Un nuevo día en Nueva York. Se notaba que cada día estábamos más cansados, pero no íbamos a desfallecer hasta el final.
Como siempre quedamos a las 9:00 en la recepción del hotel y nos dirigimos al metro. Hoy tocaba alejarse algo más del centro. Íbamos a ver Tribeca y Soho por la mañana y Chinatown, Little Italy y puente de Brooklyn por la tarde.
El paseo por Tribeca y Soho fue de lo más tranquilo. Paseamos por sus calles disfrutando de la arquitectura de los edificios y de las escaleras de incendios de hierro forjado. Algunos quería parar a tomar un café y al fin encontramos donde. Unos fuimos a Starbucks, como no, y otros a Balthazar. Mientras tomábamos el café algunos entramos en Papyrus que era una tienda de manualidades y papel. Al final compre algo de papel de Origami. Hasta ese momento parecía que aquel sería un día tranquilo en la gran manzana.
Nos fuimos acercando a la zona de Chinatown y cuanto más cerca estábamos más parecía aquello una tienda de todo a 100 extra grande. Había chinos por doquier e incluso vimos chinos viejos, de esos que tienen las uñas largas y con tropezones bajo ellas.
En la guía del poder nos recomendaban un restaurante que desde fuera no parecía muy salubre (New Green Bo Restaurant). Todas las ventanas estaban tapadas con periódicos viejos y no se podía ver el interior. Entramos y nos dimos cuenta que no es que pareciera poco limpio el local, es que no lo era. Nos sentamos hombres y mujeres por separado y pedimos comida. Yo quería probar la sopa de noodles con pollo y me trajeron un tazón para 27 que no tenía fin. Eso si, estaba muy bueno, como el resto de la comida. Los que fueron al baño perdieron las ganas de vivir durante un rato, sobre todo cuando veían la puerta de la cocina en la que habían aparecido unas caras de Belmez. Aquella puerta era el Himalaya de las pruebas forenses para el CSI NY. Nos trajeron galletitas de la suerte al terminar y nos fuimos de compras.
Aquí es cuando se lío. Mientras Cris y Ramón se iban a ver discos y Ana y Sergio se despistaban del grupo, el resto nos adentramos en los bajos fondos de Chinatown. Marga y Puri querían ver bolsos falsificados y Ángel y César querían relojes. Buscamos a un chino con aspecto de vendedor de falsificaciones y la cosa fue fácil gracias a la inestimable ayuda de Ángel y su previa experiencia con los grupos organizados chinos. Empezaron a venir chinos con pinganillos para comunicarse entre ellos. Yo el chino no lo entiendo pero para mi que decían:
-"grupo de españoles con riñones bastante sanos para extirpar".
La primera china llamo a un chino que trajo un catálogo de relojes plastificado y cuando César y Ángel acordaron un precio, un tercer chino trajo la mercancía. Puri y Marga querían ver a los bolsos en persona y no por catálogo así que un nuevo chino nos guió a una casa en donde entre basura y destrucción fuimos a un local de venta de bolsos clandestino. Yo en principio estaba tranquilo por que en el grupo teníamos a nuestro John McClane particular, pero en un momento dado me puse el pasaporte entre los dientes para que les fuese más fácil identificar el cadáver. Sólo me venían a la mente imágenes de la peli "Golpe en la pequeña China".
César, usando apelativos extraídos de los tebeos españoles, consiguió unas gafas y Puri arraso con los bolsos. El chino en un principio no aceptaba nuestras ofertas en el regateo, pero al final cedió.
Salimos de allí todos juntos y en fila india, como cuando sales del pasaje del terror, y para celebrar que no habíamos muerto nos metimos en otra tienda de souvenirs de NY. Compramos camisetas, bolígrafos, llaveros, imanes,... a un precio bastante ajustado, o eso nos parecía hasta que los pagaron después que nosotros les hizo aún mejores precios. Conclusión, los chinos son como los gitanos pero con sueño.
En Little Italy entramos en un bar a tomar una cerveza y nos encontramos con la única persona de toda la ciudad que no fue amable con nosotros. Vamos, que era gilipollas.
Le molesto que al ser ocho personas ocupásemos más zona de la barra de la que el tenía estipulada. Salimos despotricando de allí y nos dirigimos a donde habíamos quedado con el resto del grupo, frente el ayuntamiento de NY. Contamos nuestra pequeña aventura aún con algo de miedo en el cuerpo y nos creyeron gracias a los documentos gráficos que hicimos en el lugar.
Fuimos andando hacia el puente de Brooklyn y lo cruzamos. Las vistas desde el puente eran espectaculares, y eso que estaba en obras. Al llegar al otro lado del río el 65% del grupo se meaba y como no pensábamos en otra cosa que en urinarios nos volvimos a despistar. Ana, Sergio, Cris, Ramón, Ana y yo fuimos a un parque y alli evacuamos mientras que el resto tuvo que pedir ayuda a un agente de la ley que les condujo a unos baños públicos dentro de una especie de edificio oficial de los EEUU. Otra anécdota que contar a los nietos.
En la orilla del río, y con el Skyline de NY de fondo, hicimos una sesión de fotos aprovechando la ligera brisa nocturna que nos dejo los dedos de los pies como a Juanito Oiarzabal.
Volviendo hacia Brooklyn tiramos de nuevo de la guía de poder y nos metimos a comer pizza a Grimaldi's, la mejor pizza de Nueva York. Todo productos frescos y una masa fina y crujiente buenísima. Vamos, que nos pusimos tibios.
Regresamos al hotel en metro y al llegar a la 42 con la décima y ver los neones púrpuras del Yotel se nos relajaron los esfínteres en plan perro de Paulov y nos despedimos rápidamente antes de que un gas provocara el primer rifirrafe dentro del grupo. Mañana sería otro día. Ya habíamos llegado al ecuador del viaje.
Como siempre quedamos a las 9:00 en la recepción del hotel y nos dirigimos al metro. Hoy tocaba alejarse algo más del centro. Íbamos a ver Tribeca y Soho por la mañana y Chinatown, Little Italy y puente de Brooklyn por la tarde.
El paseo por Tribeca y Soho fue de lo más tranquilo. Paseamos por sus calles disfrutando de la arquitectura de los edificios y de las escaleras de incendios de hierro forjado. Algunos quería parar a tomar un café y al fin encontramos donde. Unos fuimos a Starbucks, como no, y otros a Balthazar. Mientras tomábamos el café algunos entramos en Papyrus que era una tienda de manualidades y papel. Al final compre algo de papel de Origami. Hasta ese momento parecía que aquel sería un día tranquilo en la gran manzana.
Nos fuimos acercando a la zona de Chinatown y cuanto más cerca estábamos más parecía aquello una tienda de todo a 100 extra grande. Había chinos por doquier e incluso vimos chinos viejos, de esos que tienen las uñas largas y con tropezones bajo ellas.
En la guía del poder nos recomendaban un restaurante que desde fuera no parecía muy salubre (New Green Bo Restaurant). Todas las ventanas estaban tapadas con periódicos viejos y no se podía ver el interior. Entramos y nos dimos cuenta que no es que pareciera poco limpio el local, es que no lo era. Nos sentamos hombres y mujeres por separado y pedimos comida. Yo quería probar la sopa de noodles con pollo y me trajeron un tazón para 27 que no tenía fin. Eso si, estaba muy bueno, como el resto de la comida. Los que fueron al baño perdieron las ganas de vivir durante un rato, sobre todo cuando veían la puerta de la cocina en la que habían aparecido unas caras de Belmez. Aquella puerta era el Himalaya de las pruebas forenses para el CSI NY. Nos trajeron galletitas de la suerte al terminar y nos fuimos de compras.
Aquí es cuando se lío. Mientras Cris y Ramón se iban a ver discos y Ana y Sergio se despistaban del grupo, el resto nos adentramos en los bajos fondos de Chinatown. Marga y Puri querían ver bolsos falsificados y Ángel y César querían relojes. Buscamos a un chino con aspecto de vendedor de falsificaciones y la cosa fue fácil gracias a la inestimable ayuda de Ángel y su previa experiencia con los grupos organizados chinos. Empezaron a venir chinos con pinganillos para comunicarse entre ellos. Yo el chino no lo entiendo pero para mi que decían:
-"grupo de españoles con riñones bastante sanos para extirpar".
La primera china llamo a un chino que trajo un catálogo de relojes plastificado y cuando César y Ángel acordaron un precio, un tercer chino trajo la mercancía. Puri y Marga querían ver a los bolsos en persona y no por catálogo así que un nuevo chino nos guió a una casa en donde entre basura y destrucción fuimos a un local de venta de bolsos clandestino. Yo en principio estaba tranquilo por que en el grupo teníamos a nuestro John McClane particular, pero en un momento dado me puse el pasaporte entre los dientes para que les fuese más fácil identificar el cadáver. Sólo me venían a la mente imágenes de la peli "Golpe en la pequeña China".
César, usando apelativos extraídos de los tebeos españoles, consiguió unas gafas y Puri arraso con los bolsos. El chino en un principio no aceptaba nuestras ofertas en el regateo, pero al final cedió.
Salimos de allí todos juntos y en fila india, como cuando sales del pasaje del terror, y para celebrar que no habíamos muerto nos metimos en otra tienda de souvenirs de NY. Compramos camisetas, bolígrafos, llaveros, imanes,... a un precio bastante ajustado, o eso nos parecía hasta que los pagaron después que nosotros les hizo aún mejores precios. Conclusión, los chinos son como los gitanos pero con sueño.
En Little Italy entramos en un bar a tomar una cerveza y nos encontramos con la única persona de toda la ciudad que no fue amable con nosotros. Vamos, que era gilipollas.
Le molesto que al ser ocho personas ocupásemos más zona de la barra de la que el tenía estipulada. Salimos despotricando de allí y nos dirigimos a donde habíamos quedado con el resto del grupo, frente el ayuntamiento de NY. Contamos nuestra pequeña aventura aún con algo de miedo en el cuerpo y nos creyeron gracias a los documentos gráficos que hicimos en el lugar.
Fuimos andando hacia el puente de Brooklyn y lo cruzamos. Las vistas desde el puente eran espectaculares, y eso que estaba en obras. Al llegar al otro lado del río el 65% del grupo se meaba y como no pensábamos en otra cosa que en urinarios nos volvimos a despistar. Ana, Sergio, Cris, Ramón, Ana y yo fuimos a un parque y alli evacuamos mientras que el resto tuvo que pedir ayuda a un agente de la ley que les condujo a unos baños públicos dentro de una especie de edificio oficial de los EEUU. Otra anécdota que contar a los nietos.
En la orilla del río, y con el Skyline de NY de fondo, hicimos una sesión de fotos aprovechando la ligera brisa nocturna que nos dejo los dedos de los pies como a Juanito Oiarzabal.
Volviendo hacia Brooklyn tiramos de nuevo de la guía de poder y nos metimos a comer pizza a Grimaldi's, la mejor pizza de Nueva York. Todo productos frescos y una masa fina y crujiente buenísima. Vamos, que nos pusimos tibios.
Regresamos al hotel en metro y al llegar a la 42 con la décima y ver los neones púrpuras del Yotel se nos relajaron los esfínteres en plan perro de Paulov y nos despedimos rápidamente antes de que un gas provocara el primer rifirrafe dentro del grupo. Mañana sería otro día. Ya habíamos llegado al ecuador del viaje.
martes, 9 de abril de 2013
Día 3 - 25 de Marzo de 2013 - El MoMA me deja frío
Amanece en nuestro tercer día en la gran manzana.
Iniciamos el ritual diario de ducha con gel "GET UP" proporcionado gratuitamente por el Yotel y que, según la etiqueta, te reactiva para empezar el día con energía. Es como el Multicentrum pero en pomada.
Nos vestimos y llamamos a los niños por Rebtel. Cafelito en el office y muffins en la cuarta.
Cabe destacar que por la mañana bajar de la planta 17 a la 4 es harto complicado. Es por ello, oye, que decidimos hacerlo a pie. Cogimos las escaleras convencidos de bajar 13 plantas pero menuda sorpresa, de la planta 8 pasaba a la planta 4. Otra engañifa de los neoyorquinos. Los edificios no son tan altos como los pintan. Ponen plantas de más en los carteles de los rellanos para ver si cuela. ¿Qué porcentaje de personas comprueba el número de plantas de un rascacielos contando ventanas? Pues en eso se amparan.
Hoy tocaba visita al MoMA, principalmente por que anunciaban grandes nevadas en NY y no podíamos pasar el día a la intemperie. En metro hasta el museo y al llegar recogimos nuestros CityPass. Con ellos nos sentimos poderosos.
Faltaba más de media hora para que abriese el museo así que paseamos un poco por la quinta avenida. Entramos en la catedral de San Patricio y estaba todo en obras. Yo creo que era otra engañifa, para mi que la catedral es de cartón piedra y como había llovido y nevado mucho tenían que repararla con Loctite. Eso si, los obreros en silencio respetando el sagrado lugar. Eso en España ya te digo yo que no sería igual.
Volvimos al MoMA y parecía que se había acabado el mundo. Dos millones y medio de personas para dejar los abrigos y otros tantos para comprar las entradas. Cuando por fin conseguimos entrar nos dieron unos móviles con los que solo se podía escuchar y no podías hablar. Además tecleabas un teléfono y la foto del contacto era rarísima. Todos feos, feos.
Subimos a la quinta planta y vimos alguno de los cuadros mas famosos: "Sopa Campbell" de Warhol, "Las señoritas de Avignon" de Picasso, "El Grito" de Munch, ... pero después la cosa fue a peor. Cuadros blancos, cuadros rojos, rellenos de sofás tirados por el suelo, televisores sin sintonizar, ... vamos que estaba todo sin rematar.
Al salir del MoMA nuestros primeros perritos en un puesto callejero y rumbo al funicular de la isla de Roosevelt. La verdad es que al salir del museo nevaba un poco y hacía un frío del carajo o me había quedado destemplado después de ver el museo. Hicimos viaje de ida y vuelta en el funicular y al volver tiramos de la guía de poder para buscar un sitio donde comer. El ganador fue el restaurante indio Chola. Venga de picante y de picante, pero la comida bastante buena. La guía de poder nunca fallaba.
De camino a la juguetería FAO Schwarz entramos en Victoria's Secret y dentro había cantidad de bragas, tangas y sujetadores, eso si, ninguno de color carne, pero por el precio de un sujetador te comprabas dos docenas en el mercadillo de mi barrio. Nos acercamos a la juguetería, famosa por la película BIG, y vimos el piano gigante, la maquina de Zoltar, los juguetes y los osos de gominola de 2.5 kgs. Aquí el grupo se separó: unos fueron hacia en Century 21, otros de nuevo al MoMA a ver tiendas y otros nos fuimos a la tienda Apple de la 5th avenida.
Después nos acercamos a la tienda Lego de Rockefeller Center pasando por Tiffany's. La tienda de Lego un poco engañifa también, tengo casi yo mas Lego en casa que los que tenían allí. Lo mejor, la posibilidad de comprar piezas a granel.
Nos fuimos todos para el Century 21 e hicimos algo de shopping. Pero lo mejor del día aún estaba por llegar. Frente al Century 21, en Lincoln Center, había una tienda Apple. Nos dirigimos a ella y yo con lo que viene a determinarse coloquialmente "ansia puta" compre el iPad Mini junto con su funda nada mas entrar. Aquí vino el punto de inflexión del viaje y lo que nadie había pronosticado.
Sergio se compro el iPhone 5, se lo configuraron y estaba tan excitado con su compra que casi también se lleva un iPod Nano. Juan también se decidió y se compro otro iPhone 5. Aquello era una vorágine consumista de la nos fue difícil salir. Menos mal que el ruido de un iPhone nuevo contra el suelo nos despertó a todos de ese estado de hipnosis.
Cogimos un autobús de violadores que nos acercó a Times Square y allí cenamos en un Domino's Pizza. Nos fue imposible pedir en inglés la "pecado carnal" pero las que comimos estaban bien buenas. Otras vez destrozados nos fuimos al hotel a intentar descansar. Al llegar ducha con el gel "GET OFF", pero para mi que era otra engañifa por que el sueño ya lo traía yo de la calle.
Iniciamos el ritual diario de ducha con gel "GET UP" proporcionado gratuitamente por el Yotel y que, según la etiqueta, te reactiva para empezar el día con energía. Es como el Multicentrum pero en pomada.
Nos vestimos y llamamos a los niños por Rebtel. Cafelito en el office y muffins en la cuarta.
Cabe destacar que por la mañana bajar de la planta 17 a la 4 es harto complicado. Es por ello, oye, que decidimos hacerlo a pie. Cogimos las escaleras convencidos de bajar 13 plantas pero menuda sorpresa, de la planta 8 pasaba a la planta 4. Otra engañifa de los neoyorquinos. Los edificios no son tan altos como los pintan. Ponen plantas de más en los carteles de los rellanos para ver si cuela. ¿Qué porcentaje de personas comprueba el número de plantas de un rascacielos contando ventanas? Pues en eso se amparan.
Hoy tocaba visita al MoMA, principalmente por que anunciaban grandes nevadas en NY y no podíamos pasar el día a la intemperie. En metro hasta el museo y al llegar recogimos nuestros CityPass. Con ellos nos sentimos poderosos.
Faltaba más de media hora para que abriese el museo así que paseamos un poco por la quinta avenida. Entramos en la catedral de San Patricio y estaba todo en obras. Yo creo que era otra engañifa, para mi que la catedral es de cartón piedra y como había llovido y nevado mucho tenían que repararla con Loctite. Eso si, los obreros en silencio respetando el sagrado lugar. Eso en España ya te digo yo que no sería igual.
Volvimos al MoMA y parecía que se había acabado el mundo. Dos millones y medio de personas para dejar los abrigos y otros tantos para comprar las entradas. Cuando por fin conseguimos entrar nos dieron unos móviles con los que solo se podía escuchar y no podías hablar. Además tecleabas un teléfono y la foto del contacto era rarísima. Todos feos, feos.
Subimos a la quinta planta y vimos alguno de los cuadros mas famosos: "Sopa Campbell" de Warhol, "Las señoritas de Avignon" de Picasso, "El Grito" de Munch, ... pero después la cosa fue a peor. Cuadros blancos, cuadros rojos, rellenos de sofás tirados por el suelo, televisores sin sintonizar, ... vamos que estaba todo sin rematar.
Al salir del MoMA nuestros primeros perritos en un puesto callejero y rumbo al funicular de la isla de Roosevelt. La verdad es que al salir del museo nevaba un poco y hacía un frío del carajo o me había quedado destemplado después de ver el museo. Hicimos viaje de ida y vuelta en el funicular y al volver tiramos de la guía de poder para buscar un sitio donde comer. El ganador fue el restaurante indio Chola. Venga de picante y de picante, pero la comida bastante buena. La guía de poder nunca fallaba.
De camino a la juguetería FAO Schwarz entramos en Victoria's Secret y dentro había cantidad de bragas, tangas y sujetadores, eso si, ninguno de color carne, pero por el precio de un sujetador te comprabas dos docenas en el mercadillo de mi barrio. Nos acercamos a la juguetería, famosa por la película BIG, y vimos el piano gigante, la maquina de Zoltar, los juguetes y los osos de gominola de 2.5 kgs. Aquí el grupo se separó: unos fueron hacia en Century 21, otros de nuevo al MoMA a ver tiendas y otros nos fuimos a la tienda Apple de la 5th avenida.
Después nos acercamos a la tienda Lego de Rockefeller Center pasando por Tiffany's. La tienda de Lego un poco engañifa también, tengo casi yo mas Lego en casa que los que tenían allí. Lo mejor, la posibilidad de comprar piezas a granel.
Nos fuimos todos para el Century 21 e hicimos algo de shopping. Pero lo mejor del día aún estaba por llegar. Frente al Century 21, en Lincoln Center, había una tienda Apple. Nos dirigimos a ella y yo con lo que viene a determinarse coloquialmente "ansia puta" compre el iPad Mini junto con su funda nada mas entrar. Aquí vino el punto de inflexión del viaje y lo que nadie había pronosticado.
Sergio se compro el iPhone 5, se lo configuraron y estaba tan excitado con su compra que casi también se lleva un iPod Nano. Juan también se decidió y se compro otro iPhone 5. Aquello era una vorágine consumista de la nos fue difícil salir. Menos mal que el ruido de un iPhone nuevo contra el suelo nos despertó a todos de ese estado de hipnosis.
Cogimos un autobús de violadores que nos acercó a Times Square y allí cenamos en un Domino's Pizza. Nos fue imposible pedir en inglés la "pecado carnal" pero las que comimos estaban bien buenas. Otras vez destrozados nos fuimos al hotel a intentar descansar. Al llegar ducha con el gel "GET OFF", pero para mi que era otra engañifa por que el sueño ya lo traía yo de la calle.
viernes, 5 de abril de 2013
Día 2 - 24 de Marzo de 2013 - El día musical
Nuestro segundo día en NY. Amanecimos a las 5 de la mañana como sí fueran las 11, cosas del jet lag. Al resto del grupo le sucedió lo mismo. Las camas del Yotel eran muy cómodas y conseguimos conciliar el sueño de nuevo.
Cuando por fin amanecimos, nos hicimos unos cafés en el office (estos cafés eran de cápsula y no estaban nada mal) y bajamos con ellos a desayunar. Sabia elección. Los cafés de la sala de desayunos eran imbebibles. Al llegar nos presentaron a las muffins y nos hicimos amigos nada más conocernos. Las había de chocolate, almendras, arándanos, frambuesas, etc. y la verdad es que me gustaron todas. Las muffins del Yotel nos arreglaron los desayunos durante toda nuestra estancia en NY.
Quedamos en la puerta del hotel a las 9:00 y nos dirigimos a la parada de metro de la calle 42 con Port Authority. Al salir del hotel nos percatamos de que César no nos acompañaba ese día pero en su lugar vino con nosotros un homeless muy majete que hablaba castellano con fluidez. Compramos los abonos de transporte semanales (31$ por cabeza ) y empezó el Periplo por el metro. Como íbamos a Harlem a ver una misa Gospel cogimos una línea que nos llevaba hacia el uptown y acertamos de pleno a la primera. Luego nos dimos cuenta de que algunos trenes eran express y otros (los que paraban en todas las estaciones) no. Gracias a Mónica, Cris y Ana, concejales de transporte, y a unos amables agentes de la ley que hablaban perfecto castellano, ya no había secretos para nuestro grupo en la red de metro de NY.
Harlem
Cuando llegamos a Harlem nos recibieron con los brazos abiertos, incluso las tiendas colgaron letreros luminosos informando de nuestra llegada.
Fuimos paseando hasta dar con una de la iglesias que tenía Mónica en su lista y un negro albino no nos dejo entrar por ser una misa privada, pero nos informó de una iglesia cercana a la que ir.
Cuando llegamos nos recibieron con una sonrisa y nos invitaron a pasar y sentarnos. Quedaban 35 minutos para empezar la misa pero como era domingo de ramos nos dieron unas hojas de palma y nos pusimos a hacer trenzas y lazos, unos mejor que otros. Que contar de la misa, fue todo un espectáculo de principio a fin. A todos se nos pusieron los pelos como escarpias y a alguna le salía la emoción a borbotones por los ojos. Al poco de empezar la misa uno de los feligreses nos increpó a los turistas por no colaborar con la celebración así que nos pusimos todos a dar palmas y a mover la cabeza como posesos. Alguno salió hasta un poco más moreno de piel de tanto ímpetu.
A las dos horas de misa nos fuimos por que a César le dio un ataque de tos psicofónico y ya que estábamos fuera aprovechamos para comer. Probamos en el Sylvia's y al no haber sitio nos fuimos al Jacobs. Otra vez sabia elección. Comida al peso muy buena: costillas, pollo a la jamaicana (que parecía un desafío picante de crónicas carnívoras), ensaladas,... y todo ello acompañado de música en directo. Tocaban de P.M. y hasta mi mujer salió diciendo "I love you" al cantante.
Al salir me acerque a un deli a comprar algo de beber que apaciguara el picor en mi boca. Entre todas las posibles bebidas a elegir me decanté por una Coca-Cola de cerezas. Esta vez no fue tan sabia elección. Era cómo chupa chups de Fiesta líquido.
Cogimos el metro y fuimos a la 49 entre la 8th y Broadway para recoger las bicis y empezar la segunda etapa de este gran día.
Paseo en bici por Central Park
Nos repartieron las bicis y los cascos y por alguna razón el mío era más pequeño de lo normal. Después de practicar un poco por la acera frente al local cogimos la 8th rumbo a Central Park. La verdad es que era muchísimo menos peligroso de lo que había imaginado y por el carril bici llegamos en nada.
El paseo por Central Park no pudo ser mejor. Las vistas, las calesas, los patinadores, los runners,... Todo era un poco de película, pero allí estábamos. Hicimos un recorrido por todo el parque y en la zonas en las que no estaba permitido ir en bici bajábamos de ellas y las llevábamos a pie para no perder detalle. En el recorrido, salvo un par de repechos, todo era muy llanito y fácil de hacer en bici.
Después de visitar los nada inodoros baños junto al castillo Belvedere fuimos a la zona de Strawberry Field, frente al edicificio Dakota, y nos hicimos algunas fotos.
La vuelta desde central Park hasta la 49 a devolver las bicis fue, desde mi punto de vista, lo mejor del paseo. Bajar en bici por broadway entre el trafico y los taxis y ver al fondo Times Square no tiene precio.
Dejamos la bicis y nos metimos en el bar más cercano a beber unas cervezas y así recuperar el PH. Todavía nos quedaban cosas por hacer en este duro pero inmejorable día.
Cena/concierto en el BB King
Nos quedaban pocas fuerzas pero lo dimos todo. Después de hablar fluidamente en inglés con la taquillera del local, accedimos y esperamos a coger mesa para doce.
En ese momento volvió a aflorar el lugarteniente de Medellín interior de Marga y al ver que nos quitaban la mesa gente que había entrado después de nosotros, se encaró a varios tiarrones y consiguió la mesa. Menuda es Marga (sino preguntarle a Juan).
El concierto y la cena, como no podía ser menos en ese día, fueron también espectaculares. Los cantantes eran unos troncha-mozos que se movían con si pesasen 45 kgs. y las canciones eran clásicos que todos conocíamos.
Por poner una pega, el grupo de gallinitas amenorreicas que no dejaron de gritar en ningún momento.
Nos fuimos al hotel y yo ni me pude despedir de nadie. La Coca-Cola de cerezas había hecho su efecto y casi no llego al baño. Cada vez estaba mas claro que no había sido una buena elección.
Cuando por fin amanecimos, nos hicimos unos cafés en el office (estos cafés eran de cápsula y no estaban nada mal) y bajamos con ellos a desayunar. Sabia elección. Los cafés de la sala de desayunos eran imbebibles. Al llegar nos presentaron a las muffins y nos hicimos amigos nada más conocernos. Las había de chocolate, almendras, arándanos, frambuesas, etc. y la verdad es que me gustaron todas. Las muffins del Yotel nos arreglaron los desayunos durante toda nuestra estancia en NY.
Quedamos en la puerta del hotel a las 9:00 y nos dirigimos a la parada de metro de la calle 42 con Port Authority. Al salir del hotel nos percatamos de que César no nos acompañaba ese día pero en su lugar vino con nosotros un homeless muy majete que hablaba castellano con fluidez. Compramos los abonos de transporte semanales (31$ por cabeza ) y empezó el Periplo por el metro. Como íbamos a Harlem a ver una misa Gospel cogimos una línea que nos llevaba hacia el uptown y acertamos de pleno a la primera. Luego nos dimos cuenta de que algunos trenes eran express y otros (los que paraban en todas las estaciones) no. Gracias a Mónica, Cris y Ana, concejales de transporte, y a unos amables agentes de la ley que hablaban perfecto castellano, ya no había secretos para nuestro grupo en la red de metro de NY.
Harlem
Cuando llegamos a Harlem nos recibieron con los brazos abiertos, incluso las tiendas colgaron letreros luminosos informando de nuestra llegada.
Fuimos paseando hasta dar con una de la iglesias que tenía Mónica en su lista y un negro albino no nos dejo entrar por ser una misa privada, pero nos informó de una iglesia cercana a la que ir.
Cuando llegamos nos recibieron con una sonrisa y nos invitaron a pasar y sentarnos. Quedaban 35 minutos para empezar la misa pero como era domingo de ramos nos dieron unas hojas de palma y nos pusimos a hacer trenzas y lazos, unos mejor que otros. Que contar de la misa, fue todo un espectáculo de principio a fin. A todos se nos pusieron los pelos como escarpias y a alguna le salía la emoción a borbotones por los ojos. Al poco de empezar la misa uno de los feligreses nos increpó a los turistas por no colaborar con la celebración así que nos pusimos todos a dar palmas y a mover la cabeza como posesos. Alguno salió hasta un poco más moreno de piel de tanto ímpetu.
A las dos horas de misa nos fuimos por que a César le dio un ataque de tos psicofónico y ya que estábamos fuera aprovechamos para comer. Probamos en el Sylvia's y al no haber sitio nos fuimos al Jacobs. Otra vez sabia elección. Comida al peso muy buena: costillas, pollo a la jamaicana (que parecía un desafío picante de crónicas carnívoras), ensaladas,... y todo ello acompañado de música en directo. Tocaban de P.M. y hasta mi mujer salió diciendo "I love you" al cantante.
Al salir me acerque a un deli a comprar algo de beber que apaciguara el picor en mi boca. Entre todas las posibles bebidas a elegir me decanté por una Coca-Cola de cerezas. Esta vez no fue tan sabia elección. Era cómo chupa chups de Fiesta líquido.
Cogimos el metro y fuimos a la 49 entre la 8th y Broadway para recoger las bicis y empezar la segunda etapa de este gran día.
Paseo en bici por Central Park
Nos repartieron las bicis y los cascos y por alguna razón el mío era más pequeño de lo normal. Después de practicar un poco por la acera frente al local cogimos la 8th rumbo a Central Park. La verdad es que era muchísimo menos peligroso de lo que había imaginado y por el carril bici llegamos en nada.
El paseo por Central Park no pudo ser mejor. Las vistas, las calesas, los patinadores, los runners,... Todo era un poco de película, pero allí estábamos. Hicimos un recorrido por todo el parque y en la zonas en las que no estaba permitido ir en bici bajábamos de ellas y las llevábamos a pie para no perder detalle. En el recorrido, salvo un par de repechos, todo era muy llanito y fácil de hacer en bici.
Después de visitar los nada inodoros baños junto al castillo Belvedere fuimos a la zona de Strawberry Field, frente al edicificio Dakota, y nos hicimos algunas fotos.
La vuelta desde central Park hasta la 49 a devolver las bicis fue, desde mi punto de vista, lo mejor del paseo. Bajar en bici por broadway entre el trafico y los taxis y ver al fondo Times Square no tiene precio.
Dejamos la bicis y nos metimos en el bar más cercano a beber unas cervezas y así recuperar el PH. Todavía nos quedaban cosas por hacer en este duro pero inmejorable día.
Cena/concierto en el BB King
Nos quedaban pocas fuerzas pero lo dimos todo. Después de hablar fluidamente en inglés con la taquillera del local, accedimos y esperamos a coger mesa para doce.
En ese momento volvió a aflorar el lugarteniente de Medellín interior de Marga y al ver que nos quitaban la mesa gente que había entrado después de nosotros, se encaró a varios tiarrones y consiguió la mesa. Menuda es Marga (sino preguntarle a Juan).
El concierto y la cena, como no podía ser menos en ese día, fueron también espectaculares. Los cantantes eran unos troncha-mozos que se movían con si pesasen 45 kgs. y las canciones eran clásicos que todos conocíamos.
Por poner una pega, el grupo de gallinitas amenorreicas que no dejaron de gritar en ningún momento.
Nos fuimos al hotel y yo ni me pude despedir de nadie. La Coca-Cola de cerezas había hecho su efecto y casi no llego al baño. Cada vez estaba mas claro que no había sido una buena elección.
jueves, 4 de abril de 2013
Día 1 - 23 de Marzo de 2013 - Llego el día D
Pues si, parecía que nunca llegaría el 23 de Marzo pero llegó.
Los niños ya estaban residiendo con sus abuelos maternos en Alcalá y nosotros ya teníamos las maletas preparadas.
Los niños ya estaban residiendo con sus abuelos maternos en Alcalá y nosotros ya teníamos las maletas preparadas.
Cogimos el tren a la T4 y nos reunimos con el resto de Lazaristas. Como era de esperar, llegamos los últimos.
Después de pelearnos con la colocación de las pegatinas en las maletas, de pasar el control de seguridad y de comernos unas deliciosas torrijas gracias a Ana embarcamos rumbo a NY. Antes de subir al avión una gran sorpresa por parte de Juan con identificaciones personalizadas para todos los del grupo.
El vuelo en un principio se hizo bastante pesado, y más gracias a la divertidísima película Lincoln, pero unas vez superadas las dos primeras horas empezamos los cursos de Origami en vuelo y empezó a pasar el tiempo mas rápido. El curso fue seguido por mas alumnos de los esperados (gracias pasajero numero trece) y levanto algo de revuelo en el avión.
Cuando llegamos a NY, con un aterrizaje perfecto seguido con la cámara de cola del avión, toco pasar el trance del control de acceso a USA. Todos pasamos sin mas problema salvo Marga Güezmes, mas conocida como la lugarteniente del cartel de Medellín, que tuvo que pasar una entrevista personal mas exhaustiva que el resto.
Cogimos los taxis rumbo al YOTEL.
Taxi número 1: Ana, Sergio, Ana y Emilio
Taxi número 2: Ángel, Mónica, Juan y Marga
Taxi número 3: Ramón, Cris, Puri y César
El precio del taxi era exactamente el mismo que habíamos visto por internet, unos 65$ con peajes y propina incluida. Nos llevo por Queens y en el recorrido pasamos por la exposición universal que aparecía en la escena final de Men in Black.
La primera impresión de Manhattan tras pasar el túnel bajo el rio fue de grandiosidad. Todo era grande, grande. Las calles y avenidas eras largas, largas y los edificios altos, altos.
Llegados al YOTEL nos colocaron a todos en la planta 17 y nos subieron las maletas. Las habitaciones, aunque pequeñas y sin armario, eran muy chulas y modernas. Dejamos las cosas, alguno hizo caca y bajamos corriendo a dar nuestro primer paseo por la gran manzana.
Subimos la calle 42 hasta Times Square y nos quedamos con la boca abierta (al menos yo). Todo era luz y gente y casi sufrimos el síndrome de Stendhal (Stendhal en wikipedia). Gracias al frio que hacía no caímos desmayados.
Empezamos a darnos cuenta de como olía NY, perritos, pinchitos, faláfel,... pero nosotros lo que buscábamos era un restaurante de comida típica americana y lo encontramos a la primera en Virgil's BBQ.
Nos pusimos tibios de costillas, carne y cerveza, y algunos probaron las hamburguesas de cuarto de libra, que vienen a ser mas o menos unas 10 onzas.
Por esa noche ya teníamos bastante así que volvimos al hotel y nos fuimos a dormir. Por delante teníamos aún 7 días en Nueva York.
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