Los niños ya estaban residiendo con sus abuelos maternos en Alcalá y nosotros ya teníamos las maletas preparadas.
Cogimos el tren a la T4 y nos reunimos con el resto de Lazaristas. Como era de esperar, llegamos los últimos.
Después de pelearnos con la colocación de las pegatinas en las maletas, de pasar el control de seguridad y de comernos unas deliciosas torrijas gracias a Ana embarcamos rumbo a NY. Antes de subir al avión una gran sorpresa por parte de Juan con identificaciones personalizadas para todos los del grupo.
El vuelo en un principio se hizo bastante pesado, y más gracias a la divertidísima película Lincoln, pero unas vez superadas las dos primeras horas empezamos los cursos de Origami en vuelo y empezó a pasar el tiempo mas rápido. El curso fue seguido por mas alumnos de los esperados (gracias pasajero numero trece) y levanto algo de revuelo en el avión.
Cuando llegamos a NY, con un aterrizaje perfecto seguido con la cámara de cola del avión, toco pasar el trance del control de acceso a USA. Todos pasamos sin mas problema salvo Marga Güezmes, mas conocida como la lugarteniente del cartel de Medellín, que tuvo que pasar una entrevista personal mas exhaustiva que el resto.
Cogimos los taxis rumbo al YOTEL.
Taxi número 1: Ana, Sergio, Ana y Emilio
Taxi número 2: Ángel, Mónica, Juan y Marga
Taxi número 3: Ramón, Cris, Puri y César
El precio del taxi era exactamente el mismo que habíamos visto por internet, unos 65$ con peajes y propina incluida. Nos llevo por Queens y en el recorrido pasamos por la exposición universal que aparecía en la escena final de Men in Black.
La primera impresión de Manhattan tras pasar el túnel bajo el rio fue de grandiosidad. Todo era grande, grande. Las calles y avenidas eras largas, largas y los edificios altos, altos.
Llegados al YOTEL nos colocaron a todos en la planta 17 y nos subieron las maletas. Las habitaciones, aunque pequeñas y sin armario, eran muy chulas y modernas. Dejamos las cosas, alguno hizo caca y bajamos corriendo a dar nuestro primer paseo por la gran manzana.
Subimos la calle 42 hasta Times Square y nos quedamos con la boca abierta (al menos yo). Todo era luz y gente y casi sufrimos el síndrome de Stendhal (Stendhal en wikipedia). Gracias al frio que hacía no caímos desmayados.
Empezamos a darnos cuenta de como olía NY, perritos, pinchitos, faláfel,... pero nosotros lo que buscábamos era un restaurante de comida típica americana y lo encontramos a la primera en Virgil's BBQ.
Nos pusimos tibios de costillas, carne y cerveza, y algunos probaron las hamburguesas de cuarto de libra, que vienen a ser mas o menos unas 10 onzas.
Por esa noche ya teníamos bastante así que volvimos al hotel y nos fuimos a dormir. Por delante teníamos aún 7 días en Nueva York.






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